Las mujeres que luchan para tener una voz en el jazz. Y ahora, un código de conducta

A lo largo del último año, un flujo constante de testimonios públicos de mujeres músicas de jazz ha dejado claro lo que la mayoría ya sabía en privado: El sexismo y el acoso están profundamente arraigados en el mundo de la música improvisada.

El We Have Voice Collective, un nuevo grupo de mujeres y músicos no binarios del jazz y la música experimental, tiene previsto publicar el martes un Código de Conducta que tiene como objetivo aprovechar las conversaciones suscitadas por el propio movimiento #MeToo del jazz, articulando claramente cómo podría ser un lugar de trabajo más equitativo y estableciendo expectativas de cambio.

El colectivo está formado por 14 instrumentistas y vocalistas y trabaja para garantizar que los comportamientos depredadores y sexistas se consideren aberrantes, no como parte del coste de hacer negocios en el jazz.

“La idea es proponer soluciones, y también abrir la conversación para ir más allá”, dijo la saxofonista tenor María Grand, miembro del colectivo. “¿Cómo cambiamos esta cultura? Y no sólo en la dinámica de que las víctimas denuncien a los agresores, porque eso pone en mucho riesgo a las víctimas. Lo que intentamos es cambiar la mentalidad cultural para que la gente sepa qué hacer cuando sospecha o ve un abuso”.

Nueve organizaciones -festivales, salas, instituciones educativas, sellos y pequeños medios de comunicación- han firmado el Código de Conducta, comprometiéndose a respetarlo. El colectivo espera que también lo exhiban de forma destacada en sus instalaciones físicas y sitios web.

La primera oleada de adhesiones incluye el Winter Jazzfest de Manhattan, el Banff International Workshop in Jazz & Creative Music y Biophilia Records. La flautista Nicole Mitchell, miembro del colectivo, sugirió que la adhesión al documento podría convertirse en “una marca de distinción, y un cierto tipo de elegancia” para las instituciones del mundo del jazz.

El código, redactado colectivamente a lo largo de varios meses, se divide en dos secciones cuidadosamente redactadas: compromisos y definiciones. Los compromisos son una serie de respuestas concretas a la pregunta: “¿Cómo podemos comprometernos a crear espacios seguros en las artes escénicas?” Las definiciones ofrecen un pequeño y detallado glosario que explica el significado de “acoso sexual”, “lugar de trabajo” y “consentimiento”.

We Have Voice promocionará el código y fomentará otras conversaciones durante una serie de mesas redondas programadas para mayo, incluida una en la New School el 7 de mayo y en el Vision Festival el 24 de mayo. (El colectivo también convocará un debate en Harvard el 9 de mayo, y en Ginebra el 27 de mayo).

El grupo se formó a finales del año pasado, a partir de dos conversaciones independientes por correo electrónico. Un pequeño grupo de músicos discutía la redacción de un código de conducta, y otro componía una carta abierta a la comunidad del jazz sobre el tema del acoso y la agresión sexual.

Un equipo unificado comenzó a trabajar por correo electrónico y Google Hangouts, centrándose primero en la carta abierta. Los participantes pronto empezaron a invitar a otros músicos. A lo largo de varios meses, el número de miembros aumentó hasta llegar a unos 20, y luego se redujo a los 14 que componen el colectivo en la actualidad.

We Have Voice cuenta con músicos galardonados como la Sra. Mitchell y la baterista Terri Lyne Carrington, así como con jóvenes músicos que aún están completando sus estudios de posgrado. Y es diverso en cuanto a su origen étnico, algo que ha dado lugar a un flujo constante de sugerencias y perfeccionamientos en el lenguaje.

“La belleza de este colectivo es que todo el mundo tiene cosas diferentes que puede ofrecer, experiencias diferentes”, dijo la Sra. Carrington.

Como resultado, We Have Voice adopta un punto de vista devotamente interseccional-feminista, utilizando el término “espacios seguros” a lo largo del código en reconocimiento de que los antecedentes específicos de cada persona confieren una relación diferente con el poder, por lo que no existe un ideal platónico de un entorno seguro.

El grupo planea mantener su composición estable por ahora, sin añadir ni quitar miembros, y quiere darse a conocer como un recurso para los jóvenes músicos, creando quizás un programa informal de tutoría en el proceso.

“Queremos hacer más hincapié en el liderazgo femenino, que sea la norma y no la excepción”, afirma la vocalista y multiinstrumentista Jen Shyu, miembro del colectivo.

En diciembre, We Have Voice publicó la carta abierta, en la que pedían a sus compañeros de la comunidad musical “que denuncien cuando sean testigos o sospechen de un comportamiento abusivo o discriminatorio”. Casi 1.000 personas la han firmado ya.

Deja un comentario